aceptación, cambios vitales, salud psicológica

Haz una mudanza

 

Me he mudado: en estas semanas, decidí irme a vivir a otro sitio, otra casa, otra zona, y compartir piso con un par de amigos. Hasta la fecha, llevaba unos pocos años viviendo en un estudio yo sólo, así que esto es todo un cambio para mi.

Ahora que por fin tengo algo más de tiempo y las cosas están en su sitio, me gustaría contaros en base a mi experiencia aquello que una mudanza puede suponer, y por qué considero que es un momento genial.

 

  1. Quiero ayuda. Eso es lo primero en lo que pensé cuando tomé la decisión. ¿Os imagináis que me hubiera negado esto? Es posible que pudiera haberlo hecho igualmente, trasladar mis cosas de un lugar a otro es algo para lo que no necesito ayuda: es cierto, por eso no he escrito “Necesito ayuda“. No la necesito: la quiero. Entonces puedo comunicarlo, puedo permitirme pedir ayuda, y esto es genial por dos motivos: puedo experimentar la gratitud hacia aquellas personas que, esperándolo o no, me dicen “cuenta conmigo“; y también, puedo experimentar la frustración propia de que me gustase recibir algo más de ayuda y no tenerla, y seguir ofreciendo lo mejor de mi recordando que alguien que no puede ayudarme también me está dando lo mejor en ese momento (y los momentos cambian, siempre).
  2. No quiero sufrir. Así es, no quiero sufrir: recordarlo no está mal. Por mucho que vivas “abierto a la experiencia y las sensaciones“, es inevitable evitar. Por suerte, la vida a menudo te puede recordar que da igual lo que hagas: siempre va a existir algo que quisiste tapar u ocultar en algún momento, y va a salir, en algún momento, lo quieras o no. Al hacer una mudanza, abres cajas que hace tiempo guardaste, y es posible que encuentres en su interior recuerdos difíciles, encuentras puzzles incompletos, que ni siquiera sabías que estuvieran ahí, entonces, ¡bang! ¡Esas sensaciones! Es un momento para ofrecerte a ti mismo amabilidad, y también hacerlo con esos recuerdos.
  3. Quiero ayudar. Al hacer una mudanza no sólo te das cuenta de que hay gente dispuesta a ayudarte: también te da una oportunidad para practicar la ayuda a tus compañeros, y para conocerles. Vas a convivir con ellos, vas a querer ayudar, y subir cajas, dedicar horas y esfuerzo a acompañarles es una manera excelente de empezar. Tras eso, te das cuenta de que cosas como la limpieza de las zonas comunes o la comida y compras que compartís se pueden convertir en puntos de unión y gratitud hacia ellos: no se trata de tenerlo todo siempre limpio, se trata de qué puedo hacer yo en cada momento que pueda tener para ayudarnos.

 

Una mudanza es un momento increíble para poner en práctica la manera en que quieres comportarte, en que quieres ser, a cada momento. Lo cual me hace darme cuenta de que la mudanza, realmente… es lo de menos, ¿verdad?

 

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